Sabores de verano en Mallorca: gastronomía mediterránea y productos de temporada
Hay un momento del verano mallorquín en que la comida deja de ser un trámite para convertirse en parte del paisaje. Sucede a media mañana, cuando el calor aún es amable y el mercado huele a tomate maduro y a albahaca; y vuelve a suceder al caer la tarde, cuando una mesa al aire libre, cerca del mar, se alarga sin prisa entre conversaciones. En el suroeste de la isla, comer en verano es, sobre todo, dejarse llevar por lo que la temporada pone delante.
El verano es la estación más generosa de la huerta. Es la época del tomate de ramellet, de los pimientos, de la berenjena y del calabacín; de la fruta que se come casi sin pensar —higos, melón, albaricoques, melocotón, uva temprana—. A esa abundancia vegetal se suma el pescado de la zona, que en estos meses llega fresco a las cocinas del puerto, y el aceite de oliva y la almendra, dos pilares que acompañan la mesa mallorquina durante todo el año. No hace falta buscar nada complicado: la cocina mediterránea de verano se construye con poco y con buen producto.
Pocas cosas resumen mejor el verano isleño que el trempó, esa ensalada de tomate, pimiento y cebolla aliñada con aceite de oliva que se come fría, a cualquier hora. Es el plato que mejor entiende el calor: ligero, fresco, sin pretensiones. Junto a él conviven otros básicos que aquí no son tendencia, sino costumbre —el pa amb oli con tomate restregado, el gazpacho, el pescado a la plancha, las verduras escalivadas—. Sabores sencillos que saben distinto cuando se comen al ritmo de la isla.
Una buena forma de entrar en la temporada es empezar por el principio: el mercado. En Andratx, el mercado semanal es una cita donde el producto local toma protagonismo —frutas y hortalizas de temporada, aceite, embutidos, quesos, almendra—. Pasear entre los puestos a primera hora, antes de que apriete el sol, es una manera honesta de entender qué se come en Mallorca en verano y por qué. Volver con una bolsa de fruta madura es, además, el mejor souvenir comestible que existe.
Después llega la otra cara del verano: la noche. En Port d'Andratx, las terrazas frente al mar se llenan cuando baja el calor, y la cena se convierte en un plan en sí mismo. El paseo marítimo, a pocos minutos de La Pérgola, reúne lugares donde probar pescado fresco, arroces y cocina mediterránea sin alejarse del agua. No hace falta la mesa más sofisticada: a veces, el mejor recuerdo gastronómico del viaje es una cena tranquila con vistas al puerto y una copa de vino de la tierra.
Quizá lo más mallorquín de todo no sea un ingrediente, sino una manera de hacer. En verano se come despacio. Se alarga la sobremesa, se comparte, se deja que la tarde pase. Alojarse en La Pérgola, a un paseo del puerto y rodeada de calas y montaña, facilita justo eso: organizar el día alrededor de la mesa sin que nada apremie —desayunar sin reloj, comprar fruta para media tarde, reservar la noche para una cena junto al mar—.
Los sabores de verano en Mallorca no se encierran en una carta. Están en el tomate recién cortado, en el pescado del día, en la fruta de temporada y en esas comidas largas que solo el buen tiempo permite. Descubrirlos es, en el fondo, otra forma de descubrir la isla: a su ritmo y con todos los sentidos.
De regalo: la receta del trempó para llevarte el verano a casa
Para 4 personas, necesitas 4 tomates maduros de ramellet, 1 pimiento verde, 1 cebolla tierna, 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra y sal. Trocea el tomate, el pimiento y la cebolla en dados pequeños, mézclalo todo en un bol, sala y riega con el aceite. Déjalo reposar en frío una media hora para que los sabores se integren y sírvelo bien fresco. Admite un poco de pimiento rojo o unas alcaparras, y es también la base de la coca de trempó.
