Calas escondidas cerca de Port d'Andratx: el suroeste de Mallorca a tu ritmo
Hay un instante, justo después de bajar el último tramo de roca, en el que el ruido del mundo se apaga y solo queda el agua rozando la piedra. El suroeste de Mallorca está hecho de momentos así. No hace falta ir lejos ni madrugar en exceso: alrededor de Port d'Andratx se esconden calas pequeñas, de acceso algo incómodo y aguas tan claras que el fondo parece estar a un palmo. Son lugares para ir despacio, sin plan cerrado, dejando que sea el propio día el que marque el ritmo.
La gracia de estas calas es precisamente que piden calma. Casi ninguna tiene chiringuito ni grandes comodidades, así que conviene llevar agua, calzado que agarre en la roca y algo de sombra. A cambio, regalan algo difícil de encontrar en plena temporada: silencio, una cala casi para ti y el Mediterráneo en su versión más limpia.
Cala Blanca es de las que mejor recompensan el pequeño esfuerzo. Se llega por un sendero en pendiente o directamente por mar, y al final aparece una cala de cantos rodados, aguas turquesa y pinos asomados al agua. Es un sitio estupendo para el snorkel y para esos baños largos en los que se pierde la noción del tiempo.
Más hacia el oeste, en dirección a Sant Elm, espera Cala en Basset. Aquí el camino forma parte del plan: un sendero de unos dos kilómetros, de dificultad moderada, que avanza entre pinos hasta una pequeña cala de roca y grava. Enfrente, la silueta inconfundible de Sa Dragonera. No es casualidad que durante siglos fuera fondeadero de embarcaciones; sigue siendo un rincón que parece detenido en otra época.
Y luego está Cala Llamp, la más conocida y la más cercana al puerto. Sus láminas de roca lisa forman terrazas naturales sobre un agua transparente, con Sa Dragonera y las montañas de Sa Mola al fondo. Por ser un clásico, recibe barcos a lo largo del día, así que el truco para disfrutarla con calma es sencillo: ir a primera hora de la mañana o a media tarde, cuando baja el trasiego.
Para quien quiera rizar el rizo, el litoral guarda calas aún más discretas, como Cala Marmacén o Cala Moragues, pequeñas, recogidas y prácticamente sin servicios. No son para todo el mundo, pero ahí está justamente su encanto.
A muchas de estas calas se llega mejor por mar que por tierra, y esa es una forma distinta de vivir la costa: salir temprano, fondear donde apetezca y bañarse lejos de cualquier sendero. Alquilar un kayak o un paddle surf en el puerto permite encadenar varias calas a tu aire, sin depender de aparcamientos ni de horarios.
Lo bonito de hospedarse en La Pérgola es que todo esto queda cerca, pero sin prisa. Se puede pasar la mañana en una cala, volver a comer con calma y dejar la tarde abierta a otra bajada al agua o a un simple paseo por el puerto. El suroeste de Mallorca no se recorre con lista en la mano; se disfruta a tu ritmo, una cala cada vez.
